Cada vez son más los hombres que se fijan en chicas del Este. ¿Cómo es realmente la mentalidad de una mujer rusa y qué hay detrás de su éxito en el freemeet?
Hoy en día son muchos los chicos que deciden cruzar sus caminos con una chica extranjera, especialmente del Este de Europa. Ya sea por trabajo, por estudios o persiguiendo ese «amor francés», lo cierto es que estas mujeres pisan fuerte en Occidente.
En este artículo nos adentraremos en la mentalidad de las chicas rusas y de los países que formaban la antigua órbita soviética —Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Lituania, Letonia, Estonia o Moldavia, entre otras—. Al final, comparten un trasfondo cultural muy marcado.
Tienen una visión del mundo de lo más actual. Conducen bólidos o utilitarios con total soltura, manejan a la perfección la tecnología de última generación y se mueven como pez en el agua por internet, foros, redes sociales y plataformas digitales.
Son tan modernas como cualquiera.
En pocas palabras: van sobradas de actualidad. Y sin embargo, conservan en su interior esa esencia y esos valores tradicionales que les han transmitido de generación en generación.
Mientras que en buena parte de Occidente el feminismo transita por caminos muy avanzados, la mujer rusa encarna el clasicismo de la feminidad, la elegancia y el cuidado personal, inmune a ciertas corrientes modernas. Siguen siendo avispadas, sociables y ponen a la familia en el centro de todo, valorando profundamente el hogar, la maternidad y la pareja.
En definitiva, el atractivo exterior va de la mano de una gran riqueza interior.
En tierras rusas, la figura femenina siempre ha estado ligada al afecto y a la devoción. Una reputación forjada a fuego lento a lo largo de los siglos, impulsada por su demostrada capacidad para arrimar el hombro a la par que los hombres.
Durante los baches bélicos que sacudieron la historia de Rusia, ellas asumieron el timón absoluto del hogar mientras sus parejas caían en el frente.
La hospitalidad de la mujer rusa tiene fama mundial. Como te invite a cruzar la puerta de su casa, prepárate para comer hasta reventar, por mucho que digas que no tienes hambre.
Los hábitos de las mujeres rusas.
- La seguridad emocional y vital resulta primordial (quizás un punto por encima de la media). Sienten pánico a la soledad, a pasar estrecheces económicas, a la enfermedad o a no poder hacerse cargo de sus padres cuando envejezcan.
- Son sumamente autocríticas. No es raro escucharles un «hoy no me veo bien», una forma de disculparse por no alcanzar la perfección. Lejos de ser un problema de autoestima, buscan que su pareja les devuelva el piropo y les confirme que siguen siendo deseadas y adoradas.
- No acostumbran a pedir las cosas de forma directa. «Si a alguien le nace regalar algo, que lo haga de corazón y no porque se lo pidan». A pesar de ello, les encantan los detalles tanto como a cualquier otra mujer; si su pareja pasa olímpicamente de obsequiarla, le colgará la etiqueta de tacaño al instante. Ojo avizor: si suelta indirectas, está pidiendo algo, solo que a su manera.
- La sociedad rusa respira un machismo latente. Sin ir más lejos, en los portales de empleo todavía te encuentras perlas como: «Se busca secretaria: mujer, 25 años, atractiva, estatura mínima de 1,75 m».
- Raras veces verás a las propias mujeres rebelarse contra esto. No terminan de encajar qué persiguen exactamente los movimientos feministas con sus reivindicaciones. Al fin y al cabo, en la inmensa mayoría de los hogares rusos, son ellas quienes llevan las riendas reales.
- Están más que acostumbradas a la galantería masculina. Si un chico tiene un detalle o la invita a un refresco, lo hace por simple educación y caballerosidad, sin segundas intenciones ocultas. Si ella se empeña en pagar a medias solo por marcar independencia, el varón puede llegar a sentirse ofendido. Durante mis trayectos en tren por Europa, suelo cargar con maletas pesadas o subirlas a los compartimentos superiores; algo impensable en Rusia, donde cualquier hombre te echaría una mano de inmediato, incluso tratándose de una turista. De hecho, en el aeropuerto de Roma he llegado a ver situaciones kafkianas que jamás pasarían allí: la chica cargando con todo el equipaje mientras el novio camina a su lado con las manos en los bolsillos.
- Durante cualquier banquete, comida familiar o celebración, los brindis dedicados a ensalzar a las mujeres nunca faltan.
- No son dadas a las muestras de afecto callejeras: los besos y arrumacos se guardan estrictamente para la intimidad. Nada tiene que ver con frialdad emocional; sencillamente, en Rusia está mal visto ir besándose por la calle y se considera una falta de educación.
- Invierten una barbaridad de tiempo en su imagen. Van siempre impecables, maquilladas y con la última tendencia, incluso para bajar a la esquina o hacer la compra. En su afán por resultar atractivas, no conocen límites, y es que la belleza allí suele ser fruto de un esfuerzo titánico. Hay un trasfondo lógico: la alarmante tasa de alcoholismo masculino desploma la esperanza de vida de los hombres rusos hasta los 59 años frente a los 72 de ellas. La familia es un pilar innegociable; necesitan casarse, tener hijos y un compañero de vida. Por eso, incluso chicas despampanantes acaban aceptando a hombres poco agraciados o de carácter dominante con tal de formar un hogar. Para destacar frente a la competencia, están dispuestas a cualquier sacrificio.
- Todavía hoy impera el mito de que, para cazar a un buen partido con dinero, hay que vestir de grandes firmas. No pocas chicas prefieren compartir pisos diminutos pagando una bicoca con tal de gastar su sueldo en ropa de marca (algo especialmente caro en Moscú si lo comparamos con el resto de Europa).
- Se dejan auténticas fortunas en cosmética y pasan por el salón de manicura religiosamente cada semana. Para abrirse puertas en los países del bloque soviético y que te tomen en serio, la apariencia y las etiquetas de lujo cuentan muchísimo. Sin ir más lejos, el filtro de los porteros en las discotecas de Moscú es infinitamente más estricto que en cualquier otra gran capital del mundo.